Ansiedad y Depresión

Ansiedad y depresión son dos trastornos emocionales complejos, que implican también problemas en pensamientos y conductas. Aunque son distintos, presentan ciertas similitudes que pueden ocasionar confusión al intentar distinguirlos. 

La ansiedad es un mecanismo que se activa ante situaciones consideradas (consciente o inconscientemente) como amenazadoras. Se podría definir la ansiedad como un conjunto de sensaciones muy molestas que pueden ser: físicas (palpitaciones, pulso rápido, respiración acelerada, presión en el pecho, sudoración, etc.), cognitivas (preocupación, inseguridad, sensación de

incapacidad, de pérdida de control, poca concentración, etc.) o conductuales (paralización, hiperactividad, conductas de evitación, etc.).

La ansiedad es un mecanismo que se activa ante situaciones consideradas (consciente o inconscientemente) como amenazadoras. Se podría definir la ansiedad como un conjunto de sensaciones muy molestas que pueden ser: físicas (palpitaciones, pulso rápido, respiración acelerada, presión en el pecho, sudoración, etc.), cognitivas (preocupación, inseguridad, sensación de incapacidad, de pérdida de control, poca concentración, etc.) o conductuales (paralización, hiperactividad, conductas de evitación, etc.).

 

Estas sensaciones creadas por nuestro organismo nacen con la finalidad de activarnos ante los peligros o preocupaciones que previamente hayamos anticipado o percibido, para así poder protegernos de estos huyendo o afrontándolos. Es un fenómeno que, aunque molesto, es natural y automático y se da en todas las personas. Debido a su función protectora y adaptativa, puede mejorar el rendimiento y adaptación al medio social, laboral o académico. Por ejemplo, nos ayuda a estudiar si estamos frente a un examen, a estar en alerta ante una cita o una entrevista de trabajo, a huir ante un incendio o a apartarnos al ver que un coche se acerca a nosotros.

 

Sin embargo, cuando sobrepasa determinados límites o se activa en momentos en los que no es necesaria por la inexistencia de peligro, la ansiedad se convierte en un problema de salud, impide el bienestar e interfiere notablemente en las actividades sociales, laborales o intelectuales. Puede limitar la libertad de movimientos y opciones personales. En estos casos no estamos ante un simple problema de “nervios”, sino ante una alteración. Existen varios tipos de trastornos por ansiedad, cada uno con sus características propias.

 

Se calcula que entre un 15% y un 20% de la población padece, o padecerá a lo largo de su vida, problemas relacionados con la ansiedad con una importancia suficiente como para requerir tratamiento. La mejora espontánea (es decir, sin consulta ni tratamiento) de los problemas por ansiedad es improbable. Solo se produce en muy pocos casos y a un coste emocional y de sufrimiento prolongado muy alto. En la mayoría de los casos, la ansiedad tiende a mantenerse, e incluso a extenderse y generalizarse. Tratar de sobreponerse a base de fuerza de voluntad, como piensan algunas personas, no es efectivo. Querer que los síntomas desaparezcan no da resultado, no es suficiente. Lo más conveniente es tratarse lo antes posible. La gran mayoría de los casos mejoran siguiendo el tratamiento adecuado y siempre personalizado a cada persona.

 

Hablamos de depresión cuando la tristeza pasa de ser una emoción pasajera a un estado de tristeza y apatía persistente e intenso en el tiempo, con consecuencias en diversas áreas de la vida, como la laboral, académica, social o personal.

 

Los síntomas que ponen en evidencia la presencia de una posible depresión serían sentirse triste, decaído emocionalmente, dejar de sentir interés por las cosas de las que antes disfrutaba, irritabilidad, aislamiento social, alteraciones en los hábitos de comida y sueño, dificultades en la concentración, disminución del rendimiento laboral i/o académico, y una gran componente base: existen rumiaciones constantes de pensamientos de desesperanza, culpabilidad, negativismo sin capacidad de poder crear visiones alternativas de la situación, lo que agrava y mantiene el desánimo y desesperanza.